¡¿Yo HISTÉRICA?¡ ¡¡¡Yo lo que soy es SINCRÉTICA!!!

Cuando leí por primera en vez lo que Marcela Lagarde nombraba como “sincretismo de género” me sentí identificada.

img_3305Las mujeres nos movemos entre exigencias, alabanzas y reprobaciones que son función de contenidos existenciales modernos y tradicionales. La autoestima femenina derivada de este sincretismo genérico es muy compleja. Se caracteriza en parte por la desvaloración, la inseguridad y el temor, la desconfianza de una misma, la timidez, el autoboicot y la dependencia vital con respecto de los otros. Y también por la sobreexaltación y sobrevaloración en el cumplimiento de la cosificación enajenante, de la competencia rival o de la adaptación maleable.

Paradojicamente, al mismo tiempo, la autoestima de las contemporáneas se caracteriza también por la seguridad, la autovaloración, la confianza en las capacidades y habilidades propias, en los saberes y en las cualidades. Destacan en este vertiente la independencia y la autonomía en varios planos. No corresponder los valores hegemónicos se concibe como valor positivo.

No obstante, vivir así conduce a las mujeres a experiementar sensaciones, afectos y pensamientos de escisión, la menos en hitos claves de la vida. La composición contradictoria de la identidad de las contemporáneas hace del a autoestima un conjunto de experiencias antagónicas que producen inestabilidad emocional y valorativa, y refuerza formas de dependencia vital aun cuando los afanes personales sean por la autoafirmación. (Lagarde 2000)

¿Y qué nos dice esta reflexión? ¿para qué nos sirve (a algunas personas)?

La palabra sincretismo siempre me ha gustado mucho, desde que me la encontré en antropología. Pienso que es una de esas palabras que embellece lo que con otras se ensucia. Las mezclas cuyas consecuencias no suelen gustar, de la mano del sincretismo se vuelven algo por descubrir, algo que aporta, que se imbrica y da como resultado lo nuevo. Da la oportunidad a la belleza y al enriquecimiento.

De ahí que cuando leí sobre el sincretismo de género y debido a mi predisposición sincrética, me sintiera especialmente atraída. En mis cotidianidades se ponen de manifiesto esas escisiones entre tradición, modernidad, postmodernidad y postpost… Y claro, las contradicciones hacen que dentro de mí choquen cosas y que me cueste un tiempo y varios errores saber qué es lo que quiere mi ser.

En este proceso de descubrimiento tengo momentos en que “crakeo”. Se me une de dónde procedo (como persona socializada mujer) y a donde voy (como persona humana, en estos momentos feminista, amiguista, sororista, empatiaista, …ista). Así que hay escenas en mi vida en las que todo se vuelve gris y los truenos y relámpagos salen de mi cuerpo, impactando a toda aquella persona que en esos momentos esté participando de la escena.

Cuando analizo, veo que el mayor porcentaje de estas escenas se da con personas que para nada se han puesto las gafitas violeta, ni siquiera las que dan por los ayuntamientos. Entonces puede ocurrir que, en una escena cotidiana relacionada normalmente con tareas del hogar, remuneración por trabajo, espacios y usos del tiempo, salga la tormenta. Ahí, en esos momentos aparece la idea de “la histérica”. hí, en esos momentos aparece la idea de “la histérica”. “Pero ¿por qué te pones así de histérica?, si no es para tanto”, “ya lo estás exagerando”, “si por esto te pones así de histérica…”. . Cuando esa palabra sale, se me mueven las entrañas, me acuerdo de Freud y de todos los estudios que las feministas han hecho sobre esto, me acuerdo de los privilegios, de todo el trabajo que hago conmigo misma para estar feliz y contenta en un mundo en que me lo pone complicado por tener coño, etc, etc. Todo eso está dentro hirviendo y sale, a presión.

Estos estallidos no son de histerismo, son de sincretismo. Es el proceso de creación y de contradicción que vivo en mi interior. Porque se me exige y me exijo, porque no he aprendido (todavía no del todo) a cómo manejar todas estas cosas nuevas y lo viejo está muy arraigado. Porque he de ver para qué me sirve lo viejo y lo nuevo, y a partir de ahí ir escogiendo y dando forma a lo que está dentro y quiero que salga.

Aun así, en este sincretismo, hay una parte que reclama a La histérica. Hay una parte de mí que quiere a la histérica, forma parte de mi ser, de mi historia, de la historia de las que me precedieron. Personajas que a lo largo de la historia han sido marcadas negativamente y que todavía están presentes, pues a algunas personas nos poseen en ciertos momentos. Por lo tanto, quiero darle su lugar.

Ante esta reclamación sincrética, en próximos días le daremos el espacio a La histérica.

  • Lagarde de los Rios, Marcela (2000). Claves feministas para la autoestima de las mujeres. Madrid: Horas y horas.
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El váter y yo. La encrucijada de la limpieza del baño

Situar las experiencias, situar el conocimiento.

Mujer blanca, estudios universitarios, residente en Barcelona, 33 años, sin trabajo remunerado, Leo con ascendente Géminis, eneatipo 2, feminista, humana en aprendizaje. Tras una crisis de tareas domésticas.

Hace 53 años que Betty Friedan escribió su libro “La mística de la feminidad”.  Hoy, en 2016,  siento un extraño malestar al que no puedo dar nombre, que se activa en mí con todo lo relacionado con las tareas del hogar y los cuidados, especialmente con la limpieza del baño.

Es algo que me atraviesa el cuerpo y que la razón comprende a medias. Es algo que trato de reconocer y a lo que intento dar su lugar. A veces lo vislumbro, otras lo pierdo. Lo miro, lo dejo estar, lo reconozco cuando lo veo reflejado en las personas que me rodean. Sé que es mío, algo que me incomoda por dentro, algo personal, inconsciente, de raíz. Al mismo tiempo, sé que viene de atrás, de todas las mujeres que  me precedieron. ¿Cómo manejar esto?  Desde el ahora.

El ahora…mi momento presente, lo que aquí está pasando, ¿Para qué está saliendo todo esto? ¿Qué tengo que ver? ¿Cuál es mi aprendizaje? No tengo respuestas.

Soltar carga es uno de los aprendizajes. Podría decir que, este aprendizaje, se extiende a muchas mujeres. Como refleja, por ejemplo, Isabel Banal i Xifré en su proyecto: “ –algunes- dones carregades” (2013) Isabel Banal_dones carregades_2013.

Yo sólo puedo intervenir en lo que yo hago, en mis decisiones, en expresar lo que yo siento. Lo que haga el resto, es decisión suya. Si yo cambio algo, el entorno cambia. Si una pieza del sistema se mueve, el sistema se modifica.

Las tareas del hogar y el cuidado tienen un gran valor para el sostenimiento de la vida. Es algo de lo que actualmente se habla mucho, desde la razón, y que todavía no hemos conseguido aterrizar en los cuerpos.

La conexión de las mujeres con el hogar, desde lo más simbólico (nutren el fuego del hogar), hasta el sostenimiento práctico del mismo, está todavía muy presente. Los hombres, en mi entorno, se van incorporado a la reproducción del hogar, práctica-racional. El simbolismo y las emociones que conectan hogar-mujeres (como representaciones en imaginario colectivo) pienso, todavía están activas. Y en esa conexión emocional hay muchos nudos que se expresan, en mi cuerpo. Nudos que responden a una carga negativa de esa conexión, no al reconocimiento y valorización de lo que esto trae consigo.

El que hay que limpiar el baño es un saber extendido. El que hay personas que les gusta limpiar y a otras que no es algo que entra dentro de lo esperado dentro de la variabilidad humana. El que las mujeres se hacen cargo mayormente de las tareas domésticas, ha quedado ya demostrado estadísticamente (“desde la mayor racionalidad posible”) http://www.inmujer.gob.es/estadisticas/consulta.do?area=6.

Quiero intercambios y diálogo, no luchas, no se trata del nosotras y los otros. No quiero más dicotomías. Hemos estudiado mucho y lo seguimos haciendo, sobre la igualdad y las diferencias, sobre las construcciones y las deconstrucciones, sobre el patriarcado y la colonización, ese conocimiento nos ayuda a ser más libres.

Ahora vamos a lo cotidiano, vamos a nuestros cuerpos, a nuestros sentires.

¿Quién limpia el baño?¿Quién sabe la comida que hay en la despensa?¿Quién sabe lo que vamos a comer hoy? ¿Quién cuida de tu alimentación?¿Quién cambia el rollo de papel del váter cuando se acaba?¿Quién te abraza cuando te derrumbas?¿Quién te da las gracias por la comida que preparas?¿Quién mantiene un ambiente tranquilo y limpio para que trabajes?¿Quién se ríe de tus errores?¿Quién sostiene tu autoestima?¿Quién valora todo lo que haces?¿Quién prepara la comida para llevar a las fiestas?¿Quién te quiere?

¿A quién cedemos nuestro poder?¿A qué cedemos nuestro poder?

Quizás, cuando lo podamos hacer para nosotrxs, podremos hacerlo también por lxs demás. Aquí todas las personas tendremos que aprender algo. Algunas personas tendrán que limpiar el váter, otras tendrán que cuidar su autoestima, otras abrazarse y quererse a sí mismas.

Yo quiero dejar del limpiar el baño y que el baño esté limpio. Sin que otra persona intervenga, ¿es posible?

 

Guía de la buena compañera heterosexual* | Primera parte

¿Eres una mujer comprometida, de izquierdas, activista y feminista? ¿Tu pareja hombre con polla también lo es?

Lleva una vida en pareja acorde con tu pensamiento

Aquí algunas recomendaciones…

1.- ¡MANOLO, LA CENA TE LA HACES TÚ SOLO!

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Si tú y él curráis igual, hay que repartir. En todo caso, si tu no curras fuera, para que siga compartiendo las tareas del hogar, puedes llamarlo por teléfono para que se traiga la comida a casa.

Y si curras todo el día, tiráis de tupper; que para eso ya cocinaste el sábado para toda la semana [porque te gusta].

2.- ¡NO QUIERO TU PIROPO, QUIERO TU RESPETO!

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No es cuestión de ir hecha un maniquí desde las 8  la mañana ni pintarte como la puerta de un hotel para ir a las asambleas. Tampoco parecer una feminista. Lo “natural” e higiénico es lo que peta. El protocolo exige cara lavada y depilación integral (por los olores). Después de todo, aunque tu pareja sea igualitaria, no todos los hombres lo son y a las asambleas se va a currar y a hacer la revolución, no a lucir palmito y así te ahorras comentarios incómodos de fascistas prehistóricos. ¡Aprende nena!

3.- ¡MUJER BONITA ES LA QUE LUCHA!

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Pero sin pasarte, es decir, está bien defender los derechos de paradxs, estudiantes, desahuciadxs, de los presxs, médicxs, leer la bibliografía comunista y saber quiénes fueron Alexandra Kollontai y Clara Zetkin… si sobra tiempo ya hablas de las putas, el trabajo doméstico y más cosas de mujeres…

Pero no te pases levantando la mano para hablar (probablemente el tema ya surgirá o sino él lo tendrá en cuenta), y si te dejan hablar, no hables mucho (hay más gente esperando) y sobre todo recuerda, nunca pidas lenguaje incluyente que eso ya es de feminazis radicales que están a la que saltan. Agradece que puedes gritar “aborto libre y gratuito” en la manifestación del 28 de septiembre, “mujer si no luchas, nadie te escucha” el 8 de marzo y se te permite coger la pancarta “alianza criminal: patriarcado y capital” el 25 de noviembre. Después de todo, él está bastante concienciado y hay otros que ni aparecen.

4.- TRABAJO NOS SOBRA, LO QUE QUEREMOS ES EMPLEO

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A ver, trabajo, lo que se dice trabajo tampoco. Ya las casas y las mujeres no son como antes, que se las medía en torno a lo limpia que estuviese la casa.

Recoger los platos y los vasos con las compañeras después de una asamblea en casa se hace en un momento. Ir a acompañar a tu madre al médico, poner la lavadora, limpiar el baño o ir a la frutería se hace en un momento entre reunión y reunión. Mientras que no tienes curro es más fácil y, si lo tienes, tú lo haces más rápido o “ya se hará”.

Después de todo, si él no sabe hacer las cosas es “porque su madre no le ha enseñado”.

A lo importante: dinamitar el capitalismo que es el origen de todo mal y que vivan la lucha de la clase obrera.

5.- CONTRA EL CAPITAL, FEMINISMO RADICAL

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Esa cara de orgullo con la que te mira después de que digas “Si fuéramos capaces de unirnos, qué hermoso y que cercano seria el futuro” (del Che) en vez de “la revolución será feminista o no será”… porque el feminismo es burgués (acuérdate de las sufragistas) divide a la clase obrera. El movimiento obrero, sin embargo, siempre ha tenido en cuenta a las mujeres…

*Por si las moscas. Todo es irónico en un intento de reflejar la frase tan manida y repetida de “machistas los de derechas” o “machistas los hombres de antes, no los de ahora”. Cada consejo comienza con una consigna feminista porque estamos mu hartas, porque no hay más nada parecido a un machista de derechas que uno de izquierdas.

**Pensándolo bien también hay machos de izquierda entre las mujeres. También para esas machos alfa va esta entrada!