¿Quién te quiere a ti?… Cuéntanos y participa en el sorteo!!!

Seguimos con el sorteo!!!

Cuéntanos ¿Quién te quiere a ti?…     

Etiqueta a tus amigxs y anímales a participar  

La mejor respuesta, original, graciosa y reivindicativa, será premiada con la camiseta y tarjeta de “La Veneno” y el pin de Equiláteras.

Los requisitos a cumplir son los siguientes:

1-Dar like a nuestra Fanpage.
2-Compartir nuestra publicación del sorteo en vuestro muro y responder ¿Quién te quiere a ti?  

3-Y también enviarla a nuestro correo de equiláteras:   equilateras@gmail.com (opcional)

4-La  persona ganadora será seleccionada por el equipo de Equiláteras, y  se publicará la próxima semana en nuestra Fanpage.

5-El premio será enviado por correo, solo en España.

Comparte y participa en nuestro sorteo!!!!

veneno

Quién te quiere a ti, peaso puta

En este San Valentín, queremos recordar a la Gran Cristina “La Veneno”   retomamos  y reivindicamos unas de sus frases míticas que tanto nos hicieron disfrutar y normalizar su lucha como Artista Trans: “Quién te quiere a ti, peaso puta” 

Y eso queremos preguntar a todxs nuestrxs amigxs ¿Quién les quiere?

La mejor respuesta, original,  graciosa y reivindicativa,  será premiada con la camiseta y tarjeta de “La Veneno” y el pin de Equiláteras.

Los requisitos a cumplir son los siguientes:

  1. Dar like a nuestra Fanpage.
  2. Compartir nuestra publicación del sorteo, en vuestro muro de Facebook.
  3. Dar respuesta a “Quién te quiere a ti, peaso puta”, en nuestra publicación y también enviarla a nuestro correo de equiláteras:   equilateras@gmail.com
  4. La  persona ganadora será seleccionada por el equipo de Equiláteras, y  se publicará la próxima semana en nuestra Fanpage.
  5. El premio será enviado por correo, solo en España.

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¡¿Yo HISTÉRICA?¡ ¡¡¡Yo lo que soy es SINCRÉTICA!!!

Cuando leí por primera en vez lo que Marcela Lagarde nombraba como “sincretismo de género” me sentí identificada.

img_3305Las mujeres nos movemos entre exigencias, alabanzas y reprobaciones que son función de contenidos existenciales modernos y tradicionales. La autoestima femenina derivada de este sincretismo genérico es muy compleja. Se caracteriza en parte por la desvaloración, la inseguridad y el temor, la desconfianza de una misma, la timidez, el autoboicot y la dependencia vital con respecto de los otros. Y también por la sobreexaltación y sobrevaloración en el cumplimiento de la cosificación enajenante, de la competencia rival o de la adaptación maleable.

Paradojicamente, al mismo tiempo, la autoestima de las contemporáneas se caracteriza también por la seguridad, la autovaloración, la confianza en las capacidades y habilidades propias, en los saberes y en las cualidades. Destacan en este vertiente la independencia y la autonomía en varios planos. No corresponder los valores hegemónicos se concibe como valor positivo.

No obstante, vivir así conduce a las mujeres a experiementar sensaciones, afectos y pensamientos de escisión, la menos en hitos claves de la vida. La composición contradictoria de la identidad de las contemporáneas hace del a autoestima un conjunto de experiencias antagónicas que producen inestabilidad emocional y valorativa, y refuerza formas de dependencia vital aun cuando los afanes personales sean por la autoafirmación. (Lagarde 2000)

¿Y qué nos dice esta reflexión? ¿para qué nos sirve (a algunas personas)?

La palabra sincretismo siempre me ha gustado mucho, desde que me la encontré en antropología. Pienso que es una de esas palabras que embellece lo que con otras se ensucia. Las mezclas cuyas consecuencias no suelen gustar, de la mano del sincretismo se vuelven algo por descubrir, algo que aporta, que se imbrica y da como resultado lo nuevo. Da la oportunidad a la belleza y al enriquecimiento.

De ahí que cuando leí sobre el sincretismo de género y debido a mi predisposición sincrética, me sintiera especialmente atraída. En mis cotidianidades se ponen de manifiesto esas escisiones entre tradición, modernidad, postmodernidad y postpost… Y claro, las contradicciones hacen que dentro de mí choquen cosas y que me cueste un tiempo y varios errores saber qué es lo que quiere mi ser.

En este proceso de descubrimiento tengo momentos en que “crakeo”. Se me une de dónde procedo (como persona socializada mujer) y a donde voy (como persona humana, en estos momentos feminista, amiguista, sororista, empatiaista, …ista). Así que hay escenas en mi vida en las que todo se vuelve gris y los truenos y relámpagos salen de mi cuerpo, impactando a toda aquella persona que en esos momentos esté participando de la escena.

Cuando analizo, veo que el mayor porcentaje de estas escenas se da con personas que para nada se han puesto las gafitas violeta, ni siquiera las que dan por los ayuntamientos. Entonces puede ocurrir que, en una escena cotidiana relacionada normalmente con tareas del hogar, remuneración por trabajo, espacios y usos del tiempo, salga la tormenta. Ahí, en esos momentos aparece la idea de “la histérica”. hí, en esos momentos aparece la idea de “la histérica”. “Pero ¿por qué te pones así de histérica?, si no es para tanto”, “ya lo estás exagerando”, “si por esto te pones así de histérica…”. . Cuando esa palabra sale, se me mueven las entrañas, me acuerdo de Freud y de todos los estudios que las feministas han hecho sobre esto, me acuerdo de los privilegios, de todo el trabajo que hago conmigo misma para estar feliz y contenta en un mundo en que me lo pone complicado por tener coño, etc, etc. Todo eso está dentro hirviendo y sale, a presión.

Estos estallidos no son de histerismo, son de sincretismo. Es el proceso de creación y de contradicción que vivo en mi interior. Porque se me exige y me exijo, porque no he aprendido (todavía no del todo) a cómo manejar todas estas cosas nuevas y lo viejo está muy arraigado. Porque he de ver para qué me sirve lo viejo y lo nuevo, y a partir de ahí ir escogiendo y dando forma a lo que está dentro y quiero que salga.

Aun así, en este sincretismo, hay una parte que reclama a La histérica. Hay una parte de mí que quiere a la histérica, forma parte de mi ser, de mi historia, de la historia de las que me precedieron. Personajas que a lo largo de la historia han sido marcadas negativamente y que todavía están presentes, pues a algunas personas nos poseen en ciertos momentos. Por lo tanto, quiero darle su lugar.

Ante esta reclamación sincrética, en próximos días le daremos el espacio a La histérica.

  • Lagarde de los Rios, Marcela (2000). Claves feministas para la autoestima de las mujeres. Madrid: Horas y horas.

Se lanza la campaña Peggy Positiva

Desde las Diputaciones de todo el territorio nacional se lanza la Campaña “Peggy Positiva” con el comienzo del nuevo año

Imagen de la serie Fargo. Procedente de: julianaabaunza.wordpress.com
Imagen de la serie Fargo. Procedente de:
julianaabaunza.wordpress.com

Dentro de los Planes de Igualdad se ha creado el primer proyecto conjunto en todo el territorio español. El objetivo es fomentar el positivismo entre las mujeres de los municipios de menos de 20.000 habitantes. Para ello, han tomado como ejemplo a Peggy, de la serie Fargo conocida como “Peggy Positiva”. Esta personaje es la referente de la campaña. Su dominio de las estrategias del pensamiento positivo es digno de imitación, de ahí que haya sido la inspiradora de dicha campaña.

img_3238Para ello, se ha realizado un programa con diferentes actividades que se desarrollaran durante el año. Talleres como “Vete sin remordimientos” o “Cómo crear tu propia Drama Sesion” forman parte de la oferta formativa de las diputaciones. Aunque, en cada provincia habrá cursos específicos. Así por ejemplo, en la provincia de Cádiz encontramos “Haz lo que te salga del toto”. Os invitamos a echar un vistazo a los programas y a seleccionar aquello que más os apetezca. ¡Son gratuitos!

A todas las asistentes se las obsequiará con un cepillo de raíces, icono de la campaña, para que limpien de raíz aquello que las limite en el desarrollo de los pensamientos positivos.

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Nota: Las dos últimas imágenes son fotografías de dos productos que llegaron a mis manos el 3/01/2017, por un momento creí que había vuelto a los años 60 del siglo XX.

Abuso sexual. Silencios que hablan

Soy una mujer feliz, formada e informada, tengo mi propio negocio y vivo en un lugar hermoso junto a un hombre lleno de luz, con el que crezco día a día, y he sufrido un abuso sexual.

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Pongo de relieve mi situación personal porque parece que estas cosas solo les ocurren a mujeres que no pueden defenderse o que se dejan manipular, esto es lo que entra dentro del silencio y los prejuicios del abuso.

Pues no, siendo una mujer joven, valiente y con las cosas claras, abusaron de mí, y de una forma perversa, cuando confié mi seguridad en ese hombre.  El abuso ocurrió mientras yo recibía un masaje, en una clínica a la que llevo acudiendo un año. La única diferencia, en este caso, fue que en vez de atenderme la mujer me atendió el hombre, su pareja.

Lo que ocurrió fue lo siguiente: yo acudí por dolor en la pierna, él me atendió con sumo cuidado, delicadeza y comprensión. Me puso toallas calientes sobre el cuerpo, música relajante, una toallita con olor a lavanda sobre los ojos, y me hablaba con suavidad (esto era lo habitual en la clínica, aunque ella nunca me tapo los ojos). Una vez que me relajé, comencé a llorar desahogando la tensión que llevaba meses acumulando por el trabajo. Él se comportó con ternura, dándome permiso para que me desahogara. Yo había entrado en un estado de más vulnerabilidad, pero me sentí confiada. Me pidió permiso para masajearme la ingle que estaba contracturada, y le concedí con motivo de que me quitara el dolor. Durante un tiempo, estuvo rozando mis genitales indirectamente, y yo lo atribuí a la necesidad de trabajo en la zona, aunque hubo detalles que me inquietaron (su modo de hablar  poco profesional “puede que te pongas como una moto”,  su nerviosismo, me daba besos en la mejilla cerca de la boca…), pero no le quise dar importancia, o no la importancia que tenía.

Así que cuando me llamo a los dos días preocupado por mí, y ofreciéndome un segundo tratamiento acepte. Este día sentí, aún más su entrega para que me sintiera bien, de hecho me sentí tan cómoda que me conecte conmigo y en este caso con mi llanto que seguía saliendo sin control, y me metí en ese estado emocional, confiando en que él cuidaría de mí.  Como tenía una cita con otra paciente, me cambio de sala y me dijo que esperase a que terminase su cita, que después vendría a terminar mi tratamiento. Yo espere, y ahí radico mi mayor error, había una voz que me decía márchate, no esperes, pero me sentía en deuda después de tanta dedicación por su parte, y me esperé. Termino con la anterior cita, y yo que había estado sumida en un estado emocional muy profundo, me sentía desconcertada, y vulnerable muy vulnerable. En ese momento él, comenzó su cortejo (se aseó, se perfumó, alardeaba de ir al gimnasio, y me hablaba con consideración y atención). Unos minutos después empezó a masajearme el abdomen, el pecho, y jugó con los límites hasta que los traspasó, tocándome los genitales y los pechos. Yo quedé en shock cuando tome consciencia de lo ocurrido, pues una de las cosas que más me está costando digerir es mi parálisis ante tal situación, mi incapacidad para no pararlo, para no gritarle, para no pegarle una patada o un puñetazo, en definitiva mi incapacidad para defenderme.  Es más, fui capaz de pararlo, después de unos segundos que me parecieron días, con un hilo de voz diciendo que no me sentía cómoda, ¿Qué no me sentía cómoda?, cuándo lo que quería era gritar, patalear, insultarle… El sacó la mano de mis bragas, y siguió tocándome el abdomen y el pecho, hasta que paró.

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