Congreso Pueblos Indígenas (CIPIAL 2016) reseñado un 12 Octubre de ¿”Hispanidad”?

Durante los días 20-24 de Septiembre tuvo lugar en Santa Rosa de Toay (La Pampa, Argentina) el II Congreso Internacional de Pueblos Indígenas de América Latina (CIPIAL 2016 https://congresopueblosindigenas.net). Tuve el privilegio de poder asistir y de compartir inquietudes y conflictos con las personas que coincidí.

Llegué allí para hacer una presentación de mi trabajo de tesis. Muchos miedos pasaron por mi cuerpo durante los meses-días previos. Estos miedos estaban relacionados con las barreras, estereotipos, autoestima y el famoso empowerment. El conocer todo lo que se teoriza desde los feminismos descoloniales me ha llevado a muchas revisiones personales. En el encuentro Radical-ment feministes en Barcelona confirmamos lo conflictivo de revisarse, de reivindicarse, de situarse y posicionarse. En varias ocasiones, cuando se han reivindicado las voces desde personas y lugares excluidos, me he quedado con la imagen (dicotómica) de las blancas/las otras-nosotras –> nos verbalizamos y cogemos nuestro lugar. En esta dicotomía he vuelto a ver rechazos y dificultades para abrir canales de diálogo. Aun así, estamos en el camino. Aun así, yo fui con miedo a Argentina, pensando que “yo no era indígena”, que yo era occidental (de España), rubia, blanca y heterosexual (mi compañero estaba allí). Mi simple presencia ya podía ser considerada como colonizadora. El trabajo que realicé sobre identidades en mujeres indígenas y mi formación en antropología me conectaban directamente con la imagen de “la antropóloga blanca expoliadora de conocimiento que viene a observarnos como objetos”. Y todo esto me venía a la mente porque yo me miro con visión crítica, cuestiono mis privilegios, intento tener mirada crítica. Esto me ha llevado a conocer las teorizaciones, discursos y conflictos planteados desde la academia y desde las cotidianidades a partir de perspectivas teóricas como las descoloniales.

Todo esto provocó un malestar en mi persona, el Síndrome de la Impostora estaba presente. Este me hacía justificarme todo el rato, justificaciones más allá del campo de la investigación. Me sentía que había de pedir perdón, y me iba haciendo chiquita.

Asistí a varias ponencias en la mesa de género y ver grandes aportaciones y proyectos como los de Soledad Ramírez de Oaxaca (México) sobre el parto humanizado (Ve´e médica humana). Análisis sobre Salud Reproductiva de Andrea Alvarez y Hector J. Sánchez, o sobre la documentación de las defunciones por muerte materna en la región de los Altos de Chiapas, por parte de Graciela Freyermuth. El aborto como práctica de descolonización antiheterowingkapatriarcal, presentado por Doris Quiñimil, o las mujeres tejedoras del oeste pampeano que desarrolló Melina Carballo. Conseguí relajarme y ver las conexiones entre personas. Disfruté del gran trabajo que muchas hacen para que todas las que habitamos el mundo podamos tener una vida que elijamos y que permita nuestro desarrollo.

Muchos trabajos analizaban desde diferentes ámbitos las consecuencias de la colonización y de la invasión de las vidas de personas que vivían en los territorios de América Latina. Y cómo esa invasión y expolio se repite de diferentes formas en nuestros días, pues como escribe Liliana Suárez, “el colonialismo no es un periodo histórico superado, un fósil inerme. Es una semilla que aún da sus frutos, reproduciendo una característica administración del pensamiento y sustentando un sistema de extracción de la mayoría de la población del planeta”. Y uno de esos frutos ha sido la división de las personas entre nosotrxs y lxs otrxs. Y fruto de percepciones, de ideas y vivencias que se crearon es esos días fue también el “contra congreso” que se organizó paralelamente al CIPIAL y del cual nos enteramos por la prensa. Aquí parece que había otros malestares. De nuevo hubo personas que sintieron que se les excluía y se les robaba el conocimiento.

En los trabajos que pude conocer en CIPIAL se abordaban nuevas formas de hacer investigación, de intercambiar conocimientos, de revertir las investigaciones en las personas, de generar cambios que favorezcan a las comunidades, a lo colectivo. También se habló de la necesidad de revisión interna por parte de las comunidades, de la inclusión-reconocimiento de las demandas de las mujeres, de las intersecciones e imbricaciones identitarias, de las luchas y resistencias y de las colaboraciones. Por todo esto, una parte de mí no entendía por qué hubo ese malestar que causó la creación del “contra congreso”, si todo giraba alrededor de cuestionar y poner en valor. Por otra parte, podía entender el malestar, por cosas como el pago del congreso, las formas de la academia, etc., podían ser excluyentes. Como vemos en el periódico, a este “contra congreso” se le dejó un pequeño espacio en la prensa.
cipial_2016_congrs

No sé si hubo diálogo, no sé si hubo razones y emociones que se pusieran en común. Sólo sé que a hubo una persona (yo) que se sintió mal por ser blanca, y parece que hubo otras personas (en el “contra congreso”) que se sintieron mal por ser indígenas. Las identidades y las barras de la dicotomía  (como dice Mar Gallego, http://ow.ly/jFrK30570xz) crean dificultades.

En un día como hoy, 12 de Octubre, en el que en España se celebra algo llamado “Hispanidad”, en el que se sacan las tropas a la calle para que las veamos pasearse con un carnero, muchas personas nos preguntamos ¿qué sentido tiene esta celebración? Lo que pasó hace más de 500 años tiene consecuencias en las vidas de las personas. Desde el Congreso de Pueblos Indígenas de América Latina se dejó claro que se sigue construyendo a personas como “otrXs”, y fiestas como esta abren heridas y las dejan frescas de nuevo en lugar de ayudar a cicatrizarlas y evitar que se vuelvan a producir.

AVR

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